lunes, 9 de marzo de 2009

GIGOLOS DE LA INDIA OTRA HISTORIA BIZARRA DE LA BBC

Los trabajadores sexuales o gigolós en la India son un grupo que opera en la ilegalidad. Soutik Biswas de la BBC se reunió con algunos de ellos en la ciudad de Calcuta, en el este del país.
¿Qué tienen en común un dibujante, un contador, un vendedor y una persona que dejó los estudios?
No mucho, aparte del hecho de que los cuatro provienen de familias de clase media en India, excepto el que dejó los estudios, y dejaron trabajos aburridos para comenzar a vender sus cuerpos a mujeres en las abarrotadas calles de Calcuta.
Dibakar, Samrat, Pallab y Goutam formaron además un grupo llamado Anandam que incluye a homosexuales, lesbianas, transexuales y bisexuales para impulsar programas de prevención del VIH.
También decidieron salir de entre las sombras para hablar sobre sus vidas y sus problemas en una sociedad donde se sabe muy poco sobre ellos, donde hablar de sexo sigue siendo un tabú y donde la homosexualidad y el ejercicio de la prostitución callejera están proscritos.
Silencio
La mayoría de las trabajadoras sexuales en India buscan sus clientes en la calle o en los distritos rojos de la ciudad. Mientras que los trabajadores masculinos generalmente trabajan en el centro de las principales ciudades, en salones oscuros de masajes y deben rastrear internet en busca de clientes.

En las grandes ciudades hay miles de ellos y su número va en aumento debido a las facilidades que brindan la telefonía celular e internet.


Casi nunca se habla de ellos en las campañas de prevención de VIH, a pesar de ser el grupo más vulnerable en el país.
"Nadie sabe qué hacemos ni cuáles son nuestros problemas. En India, la gente en general se burla de los gigolós", dice Samrat, un hombre de unos 34 años graduado en Ciencias.
La mayoría de los gigolós comparten una historia similar. Provienen de familias de clase media y entran en el negocio de la prostitución a través de amigos o en fiestas y trabajan en casas de masaje de mala reputación que han ido surgiendo en todo el país.
Ahora han comenzado a colocar avisos en las columnas de clasificados de periódicos y revistas, promocionándose como acompañantes masculinos o "amigos".
Aseguran que no sólo ven a sus clientes para mantener relaciones sexuales "por un valor de US$25 la hora", sino que también les piden que les compren crédito para sus teléfonos móviles, entre otras cosas.
Riesgos
El trabajo no es fácil, ante la ausencia de burdeles masculinos, gigolós como Samrat deben recorrer la ciudad al anochecer en busca de posibles clientes, generalmente mujeres de clase media o alta que manejan carros con ventanillas oscuras.


"No es pura diversión como piensa la gente. Al igual que muchas trabajadoras sexuales son víctimas de la violencia o abusos, nosotros vivimos a veces situaciones similares", dice el hijo de un banquero que se convirtió en gigoló después de un breve período trabajando en una multinacional en Delhi.
"Muchas veces las clientas se niegan a pagarme y cuando protesto, me amenazan con denunciarme a la policía diciendo que las había violado. También hay clientas a las que les gusta apagar cigarrillos en nuestro cuerpos. Ahora yo cobro unos US$11 por cada quemadura de cigarrillo".
Con los años, el perfil de las mujeres que buscan gigolós ha ido cambiando, cuentan Samrat y sus amigos.
"Hace cuatro años mi clientela era lo que se podía considerar clase alta, esposas de hombres de negocios, ejecutivas, burócratas. Ahora son mujeres de clase media las que nos llaman", afirma Samrat.
"Ya no es difícil entrar en contacto con las clientas", dice Sudeep Chakraborty, un contador de 31 años de edad.


"Las mujeres que nos buscan ya no son tímidas. Son igual de profesionales que los hombres que buscan a trabajadoras sexuales", añade.
Sudeep cuenta que conoció a su primera clienta en la fiesta de un amigo. La mujer, una solitaria esposa de un hombre de negocios "tal y como se describió a sí misma", lo llevó a un rincón y le contó sus penas. Luego, comenzaron a salir.
"En un principio ella pagaba por mi compañía, más tarde por sexo. Con ella yo hacía unos US$20 cada vez que nos veíamos, por eso pensé, por qué no hacerme gigoló", explica Sudeep.
Los hombres más jóvenes como Goutam, Pallab y Aditya, que dejaron de estudiar y comenzaron a trabajar en casas de masajes antes de hacerse gigolós, dicen que el mercado no está creciendo tanto como aseguran algunos.
Por eso, dicen, a veces tienen que acostarse con hombres.
"Las mujeres pueden llegar a ser muy exigentes. A veces, a mí que provengo de una familia de clase media, me sorprenden con sus pedidos. Cuando no conseguimos mujeres tenemos que acostarnos con hombres. No es nada divertido", concluye Pallab.
Pallab

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